miércoles, 28 de noviembre de 2007

Messe pour le temps présent

Hace unos días murió en Lausana Maurice Bejart, una de las figuras indiscutibles de la danza contemporánea. En El Conciso queremos dedicarle un pequeño recordatorio con la música de su espectáculo del año 1967 "Messe pour le temps présent".

Para este ballet Bejart utilizó música tradicional india y japonesa, e incluso marchas militares, pero su enorme popularidad se debió sobre todo a los temas pop que firmaron Pierre Henry y Michel Colombier. Henry era un destacado compositor de música contemporánea, conocido por ser el fundador junto con el otro Pierre (Schaeffer) de la escuela de música concreta. Colombier, por su parte, era compositor de bandas sonoras y arreglista de discos de pop (colaboró en muchos de los de Gainsbourg, por ejemplo). Por supuesto tal asociación chirriaba por los cuatro costados. Era como si en España, ese año, se hubieran puesto de acuerdo Luis de Pablo y Augusto Algueró para colaborar en un montaje de Antonio el bailarín. Bueno... más o menos.

El disco con la Messe pour le temps présent de Henry y Colombier se convirtió rápidamente en superventas en las listas de pop y clásica, sirvió para romper las infranqueables barreras entre los estilos y contribuyó a la popularización de la música contemporánea. Psyché Rock fue la pieza más difundida (sirvió como sintonía durante muchos años para el Estudio Abierto de José María Íñigo), pero el resto de los temas no desmerecen. Y aunque casi todo el mérito se lo llevó Pierre Henry, hay que reconocer que la mayor parte le corresponde en realidad a Colombier, responsable de esos ritmos y líneas melódicas pegadizas y del toque psicodélico. Henry "sólo" aportó los jerks, los efectos electrónicos que daban a los temas una espectacularidad desconocida hasta ese momento. De hecho otras incursiones de Henry en el terreno pop no fueron tan afortunadas, como su colaboración con los progresivos Spooky Tooth, disco pesado y pretencioso donde los haya.

Michel Colombier falleció en 2004. Pierre Henry sigue componiendo.

boomp3.com

5 comentarios:

Academia de Ociosos dijo...

No piense que en esta Academia no nos gustan muchas obras contemporáneas, ni vamos a cometer el error de meter todo en el mismo saco, pero creemos que son demasiadas las que: a) Suenan a banda sonora, y uno siempre las escucha echando en falta las imágenes (nefasto sentimiento para la música); b) Provocan o traducen un estrés o taquicardia de la hostia; y/o c) Han sustituido el humor que explotaran Haydn y Mozart por la sensación de tomadura de pelo, que por supuesto no es lo mismo.

http://www.youtube.com/watch?v=qV4J_qF7UP4
http://www.youtube.com/watch?v=X8v-uDhcDyg

No obstante, y ciñéndonos a su mp3, fantásticas esas campanas que tantos buenos recuerdos nos traen (incluidas las tubulares de miguelito campoviejo), y nos sobran los platillos volantes que despegan y otros efectos “espaciales” que fueron tan modernos y ya quedaron tan atrás.

Eso sí, algo que admiramos profundamente es todo lo que de frustración, tragedia, y desesperación puede llegar a transmitir la música y danza del siglo XX. Imposible ver Café Müller sin recordar tanto que no querríamos recordar del siglo pasado:

http://www.youtube.com/watch?v=dtqrqjERhkQ

O de escuchar la Consagración de la Primavera sin sentirse hijo de su tiempo.

Y ahora, tras asistir a la liberación de la música de la armonía y de la melodía, buceamos en otros tiempos o registros:

http://www.youtube.com/watch?v=_s3yAUh87JE
http://www.youtube.com/watch?v=7EUOmdxo2jE

Y por supuesto, conscientes de que gran parte de los rechazos de cierta música contemporánea puede deberse a nuestra falta de conocimiento o costumbre, seguimos como buenos alumnos suyos aprovechando el “yo tuve” con todas las referencias que usted nos vaya pasando. Creo que todas las audiciones que llevamos ya provocadas por su post son un buen ejemplo de que este blog empieza a cumplir la función que pretendíamos. Gracias, Ilustrador Ilustre.

Profesor Franz dijo...

De hecho yo no incluiría al Psyché Rock dentro de la música contemporánea académica, sino más bien del pop más avanzado de los 60. Música contemporánea son los dos magníficos ejemplos que ha puesto Academia: el propio Pierre Henry en la Défense, música electrónica de altísima calidad interpretada por un maestro, ahí es nada! Y el poema sinfónico de Ligeti, aunque no es de lo mejor de su producción, es una pieza fascinante que tiene múltiples lecturas, en cuanto performance y como pura reflexión musical sobre el ritmo. Por supuesto alguien puede ver en todo eso una tomadura de pelo, como lo vieron la mayoría de los asistentes al estreno en París de La Consagración de la Primavera.
Y ojo, que también hay mucha música contemporánea mala. Demasiada incluso. Como música barroca, romántica o medieval malas, a las que el tiempo nos ha permitido olvidar. Rechazar la música contemporánea porque tenemos la de Mozart es como atacar al cubismo porque tenemos a Velázquez.

Academia de Ociosos dijo...

Sin duda estamos de acuerdo, y sus dos ejemplos, el pictórico y el de Stravinsky, son muy buenos al respecto. Las formas expresivas de otros tiempos no siempre recogen todas las inquietudes humanas actuales, no son suficientes para expresar al hombre de hoy, y ese es el valor del arte contemporáneo.

A veces, ante consagradas obras del pasado, uno sospecha que su valor es más histórico que artísitco (¿cuántas copias "de taller" admiramos en los museos? ¿Cuántas cantatas de Bach, siendo sublimes, no son sino autocopias que el maestro escribiría para cumplir con el compromiso del domingo?). Y otras veces sospechamos que el tiempo ha debido limar todo lo "pachanguero" de otras épocas, sin duda, y en la distancia las vemos tan perfectas.

Viva todo el arte, y que cada cual elija aquello que le emocione. Yo me he llevado horas ante lo que para otros no son sino manchas, o pura palabrería incomprensible.

Y ya que hablamos de Mozart, por el que en esta Academia sentimos una gran predilección, no me resisto a invitarles a los que no lo conozcan, a escuchar al maestro adelantándose unos añitos y entrando por-la-puerta-grande en el siglo XX musical, ahí es nada:

http://www.youtube.com/watch?v=ZvH9Q71XJIU

El Duende de los Cafés dijo...

Algunos de esos cortes merecerían una entrada.

El Robespierre Español dijo...

Lo de calificar a las obras de barrocas o contemporáneas depende más de etiquetas hechas por historiadores y críticos para simplificar el trabajo de estudio que de otra cosa. Efectivamente, en música contemporánea entran gente tan dispar como Bela Bartok, Stravinsky o John Cage y Luis de Pablo. Del mismo modo que en la Historia Contemporánea entran hechos tan disímiles y tan alejados en el tiempo como las guerras napoleónicas y el nazismo, por ejemplo. Mi teoría es que independientemente de cuando fueron hechas las obras artísticas, si siguen hoy en día funcionando es porque dicen algo al hombre de hoy. Si “Antígona” se representa más de 2.000 años después de su redacción es por eso, con lo que el criterio de recepción es más espiritual que histórico. Independientemente de que sea necesario el estudio para explicar a obras y artistas en su contexto.
Totalmente de acuerdo en los cortes que impone el tiempo. Podemos creernos que toda la música del XVIII era como Bach y Mozart, pero habría cientos de compositores infumables que no han sobrevivido. Pero eso lleva a veces a tremendas injusticias, pues hay tesoros ocultos no descubiertos en archivos y sótanos. Aunque parezca increíble, el propio Bach estuvo arrinconado muchos años hasta que Mendelsohn lo sacó a la luz. Si tienen oportunidad alguna vez, hojeen una revista de cine de los años 40 o 50. Verán reportajes sobre películas de las que ya no se acuerda ni su padre y breves notas sobre filmes que hoy son considerados clásicos. Es muy divertido, se lo aseguro.
Y felicitar a Academia y a don Mentor por su debate, en la línea que se pretende con este Conciso. Está claro que va a ser muy instructivo. Esto de descubrir a mis años que aquella música campanera que acompañaba a una bola de boite setentera fue bailada por todo un Bejart, es un descubrimiento.