miércoles, 22 de octubre de 2008

Teísmo

El diccionario de la RAE lo define como la "creencia en un dios personal y providente, creador y conservador del mundo". Pero la palabra también podría servir para traducir ese "Teaism" con el que el sello Static Caravan ha bautizado su última recopilación discográfica: música inspirada por el arte y la cultura del té. Algo que sin duda gustará a nuestro Duende de los Cafés que, contra lo que manifiesta su nombre, es más bien de infusiones.

Pimmon y Tung son los artistas más conocidos y, al mismo tiempo, paradigma de los estilos representados: la electrónica minimalista y el folk más o menos surrealista entre los cuales se vienen a acomodar el resto de los músicos que aparecen en el disco.

En la web hay posibilidad de escuchar algunos temas y descargarse remezclas, todo ello dentro de la más exquisita legalidad. El tema de Dollboy está colgado en YouTube con imágenes prestadas de Fred Astaire.

lunes, 20 de octubre de 2008

La vie en rose

El pasado fin de semana el Ayuntamiento de Sevilla iluminó de rosa el Archivo de Indias y la Torre del Oro para conmemorar el día internacional contra el cáncer de mama. Al dar la noticia los medios no explicaron si con semejante ritual se pretendía obtener curaciones en masa de mujeres afectadas por tan grave enfermedad, aunque conociendo a nuestros ediles y su escaso apego al pensamiento racional yo no lo consideraría una hipótesis disparatada. Pero no, parece ser que en este caso el objetivo era "divulgar y concienciar a las mujeres que están en situación de riesgo" (cito de Diario de Sevilla). En cuyo caso quienes no pasearan por el centro de la ciudad, o vivieran en barrios periféricos o en pueblos sin ayuntamientos tan emprendedores no habrán recibido la terapéutica información. Parece mentira pero es así: en plena era de la información, con decenas de medios de comunicación de titularidad pública, con ingentes presupuestos para publicidad institucional, el Ayuntamiento de Sevilla tiene que recurrir a las luminarias medievales para dar avisos sanitarios a la población. Que Pasteur nos pille vacunados!

Luego me entero de que estos gestos inútiles y costosos se han repetido en otras poblaciones y con idéntico motivo filantrópico. Y me pregunto otra vez por qué quienes tienen en sus manos el destino del presupuesto público y pueden destinarlo a investigación, atención primaria, detección precoz, cuidados paliativos, asistencia domiciliaria, etc... prefieren gastarlo tontamente en fuegos de artificio. Porque les sale más barato? Porque son incapaces de imaginar un mejor uso? Porque piensan que somos idiotas? Todas las anteriores respuestas?

lunes, 13 de octubre de 2008

Teoría de la inteligencia colectiva

-Contrariamente a lo que se piensa, la inteligencia no es una cualidad individual, sino un fenómeno colectivo, nacional e intermitente. Atenas, 416 a. C. Eurípides estrena ‘Electra’. En las gradas, sus dos enemigos, Sófocles y Aristófanes. Y sus dos amigos, Sócrates y Platón. La inteligencia estaba allí.
-Tengo algo mejor. Florencia, 1504. Palacio Vecchio. Dos paredes, dos pintores, A la derecha, Leonardo Da Vinci. A la izquierda, Miguel Ángel. Un aprendiz, Rafael. Un agente, Nicolás Maquiavelo.
-Filadelfia, Estados Unidos. 1776-1787. Declaración de Independencia y Constitución de los Estados Unidos. Adams, Franklin, Jefferson, Washington, Hamilton y Madison. Ningún otro país ha tenido tanta suerte

(De la película 'Las invasiones bárbaras')

miércoles, 8 de octubre de 2008

Delia y el Taller Radiofónico

Hablábamos el otro día de Doctor Who, y se nos quedó en el tintero mencionar, como una de sus señas de identidad durante todos estos años, la famosa sintonía.

Boomp3.com

Aunque la melodía, con su línea de bajo tantas veces sampleada, fue compuesta por Ron Grainer, un músico especializado en sintonias televisivas, lo característico del tema de Doctor Who son los arreglos electrónicos, que le dan ese aire entre espectral y ultraterrenal y que resultaban absolutamente novedosos en aquellos momentos (1963) . Pues bien, la autora de los arreglos era Delia Derbyshire, una joven técnica de sonido que por entonces formaba parte del BBC Radiophonic Workshop, la unidad creada por la radio pública británica para suministrar efectos especiales a sus programas y que con el tiempo se convirtió en uno de los más importantes laboratorios de experimentación sonora fuera del ámbito academico.

En la BBC no tenían por aquel entonces sintetizadores. Los sonidos electrónicos se obtenían puros de fuentes como generadores y osciladores, y sus características se manipulaban y distorsionaban con la tecnología disponible, para luego grabarlos en cintas magnéticas que, eran de nuevo editadas manualmente hasta conseguir el efecto deseado. Un trabajo de hormigas difícil de imaginar al escuchar los espectaculares resultados obtenidos.

Sólo por su labor en el BBC Radiophonic Workshop Derbyshire merecería haber entrado con todos los honores en la historia de la música electrónica. Pero su carrera se extiende más allá. Con su compañero en la BBC Brian Hodgson y Peter Zinovieff (quien años más tarde fundaría la famosa fábrica de sintetizadores EMS) formó Unit Delta Plus, un laboratorio dedicado a crear música electrónica para cine, publicidad y performances. También con Hodgson y con el músico David Vorhaus creó White Noise, una de las primeras bandas puramente electrónicas en salir al mercado del pop.

Su primer album, An Electric Storm (1968), que se ha reeditado recientemente por lo que no debe ser difícil de encontrar, sigue manteniendo el impacto de las obras que se adelantan a su tiempo. No esperen el típico disco de melodías bobas en versiones para moog. Es una obra complejísima cuyos planteamientos musicales sólo son comparables a los que desarrollaron a finales de los 70 los grupos del Rock in Opposition. O sea, rara, rara. El tipo de cosas que nos gusta en El Conciso.

jueves, 2 de octubre de 2008

Vuelve el Doctor

Pues sí, por la puerta de atrás y sin avisar, el Doctor Who vuelve a la parrilla televisiva de Canal Sur 2. De casualidad me lo encontré la pasada noche del martes y les informo del hallazgo por si fueran fans.

Como todo el mundo debería saber, Doctor Who es la serie de ciencia ficción británica de culto por antonomasia, comparable en número de fans y fidelidad tan sólo a Star Trek. Su primer episodio data de 1963 y se estuvo emitiendo casi sin interrupciones hasta finales de los ochenta. Décadas más tarde, en 2005, la BBC recuperó de nuevo al personaje con nuevos actores y mejores efectos especiales de los que solian usar (algo con lo que no todos los fans estamos de acuerdo). Es precisamente esta temporada del 2005, con Christopher Eccleston como el Doctor y la espectacular Billie Piper como su acompañante, la que ahora emite la cadena autonómica.

Porque los aficionados de la serie no marcan su evolución por temporadas, sino por el actor que interpreta al Doctor, y va una decena ya desde su inicio. Lo cual se explica porque el Doctor es un Señor del Tiempo y puede regenerarse a sí mismo, adoptando una forma diferente cada vez. De hecho los más viejos del lugar recordarán que en los comienzos de Canal Sur 2 se emitieron los episodios setenteros correspondientes al cuarto Doctor, interpretado por Tom Baker (en la foto), una de sus más populares encarnaciones.

La temática de todos modos sigue siendo la misma: el Doctor viaja en una cabina de teléfonos de la policía londinense de los años 50, acompañado siempre de una bella joven, por el tiempo y el espacio. Teniendo en cuenta la extensión de ambas dimensiones físicas no es de extrañar que la serie haya dado para tanto...

martes, 30 de septiembre de 2008

Un gordo con mucho swing

Se nos ha muerto Paul Newman, uno de los grandes de la historia cine. Plumas mucho más eruditas que la mía, algunas incluso en plantilla en este blog, han glosado como se merece su vida y milagros. Pero yo hoy voy a rendir homenaje a un actor, quizás no tan grande aunque sí más gordo, que casi llegó a hacer sombra a Newman en una de sus mejores películas, El Buscavidas (The Hustler), con su magistral creación del veterano jugador de billar Minnesota Fats. Su nombre era Jackie Gleason.

Gleason gozaba ya de una inmensa popularidad en su país antes de esta película por sus apariciones televisivas como showman y actor, pero no era frecuente verle en papeles dramáticos. Su carrera posterior como actor fue bastante irregular aunque, como los grandes secundarios que en el cine han sido, su presencia siempre llenaba la pantalla. Incluso en películas tan pésimas como las de la serie Los Caraduras (Smokey and the Bandit) en las que interpretaba a un sheriff sureño que perseguía obsesivamente a Burt Reynolds por las carreteras de su estado.

Pero lo que mucha gente ignora es que, además de actor, Gleason era músico e incluso tuvo una orquesta que durante los años cincuenta y sesenta llegó a grabar varias docenas de discos de factura amable y temática que iba de la sacarina romántica al swing. Aquí les dejo con una muestra de su talento como director. Si les pillo en buena hora y tienen los ingredientes en casa, acompáñenlo de un Manhattan. Salud.

Boomp3.com

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Vic Chesnutt en Cádiz

Para los que estén hoy en Cádiz o sus alrededores, les comunico que en el Aulario de la Bomba actúa esta noche Vic Chesnutt, de cuyo concierto en Sevilla del pasado mes de junio ya les informamos oportunamente. Puede que sea el mejor concierto que tengan oportunidad de ver en este año. Si se lo pierden, no digan que no se lo advertí.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Mujeres bajo lupa

(Lo siento: este post no será conciso en extensión, que sí por contenido)

Si hoy en día resulta una extravagancia suma, habría que verlo en su tiempo. A mediados del siglo XIX, cuando toda Irlanda estaba sumida en la crisis de la patata que diezmó la población y alimentó el cuerpo de Policía de Nueva York, al tercer duque de Rosse, William Parsons, se le ocurrió montar el mayor telescopio nunca visto hasta entonces. Y lo consiguió. La desmesura –que aún puede ser contemplada hoy en día- fue conocida como el Leviatán de Parsonstown. Era tan descomunal que apenas tenía capacidad de giro, pues había de ser sostenido por dos muros de granito que castraban movimientos muy ambiciosos.
Aunque en principio se agradece que el duque decidiera no gastarse el patrimonio en los lupanares de Dublín, apenas se dan a conocer datos de sus posibles ayudas a la hambruna que asolaba el país mientras él acometía aquella bizarra gesta. Sí se sabe, por ejemplo, de los esfuerzos de su esposa, una inglesa –Mary Rosse, Field de soltera-, que dio trabajo a quinientos hombres durante el mal de la patata con la excusa de dar forma a los jardines del castillo. Allí, perdida en el centro mismo de la nada, hizo amistad con una prima de su marido, Mary Ward, y las dos mujeres se dedicaron a ayudarse en tareas nada propias de su sexo: la investigación científica.
Ambas participaron en la creación del Leviatián –por el que, por supuesto, el tercer duque se llevó toda la gloria-: Mary Rosse supervisando los trabajos de metalurgia y haciendo fotos del proceso y Mary Ward compartiendo sus conocimientos como astrónoma. De alguna manera, además, los trabajos que el duque desarrolló en el enorme telescopio vinieron a ayudar, tangencialmente, el desempeño de ambas mujeres.
Mary Rosse comenzó a interesarse por la fotografía a partir de un experimento fallido de su esposo, que intentó infructuosamente fotografiar la luna. Una tarea que comenzó a realizarse a partir de daguerrotipos, en 1842 –de hecho, William Parsons y Fox Talbot mantuvieron correspondencia, y éste escogió algunas de las fotografías realizadas por su esposa para la primera exhibición de la Sociedad Fotográfica en Londres, donde la obra de Mary se hizo con la medalla de plata-. La habitación oscura que la duquesa utilizaba para revelar su trabajo se mantiene hoy día tal como estaba desde mitad del siglo XIX –constituyendo una especie de cápsula del tiempo de la fotografía-.

El mundo de las lentes parecía tener consistencia de fiebre en el castillo de Birr. La obsesión más desmadrada, por supuesto, era la del duque con su gigantesco telescopio. Pero tampoco se quedaba atrás la afición de su esposa por pasarse los días respirando nitrato de plata. O la de su prima, que firmó uno de los primeros best-seller sobre entomología.

Como tantas mujeres de la época, Mary Ward había sido educada en casa, junto a sus hermanas. Pero las materias que se le impartieron fueron, sin embargo, tangencialmente diferentes a las que se enseñaban a otras chicas de su edad. Ward procedía de una reputada familia de científicos y, desde edad muy temprana, la niña manifestó un enorme interés por la naturaleza. Fue el astrónomo James South el que, viendo cómo dibujaba insectos –tarea para la que empleaba una lente de aumento- convenció a su padre para que le comprara un microscopio. A partir de ahí, la chica comenzó a leer todo lo que caía en sus manos acerca de ese nuevo método de estudio, y de esta manera autodidacta consiguió saber más que la mayoría de los expertos de su época.
Mary elaboraba, además, sus propias placas de especimenes con hojas de marfil, ya que el cristal era difícil de manejar –ejemplos de esta delicada labor pueden verse aún en el castillo-. Ni las universidades ni las sociedades científicas admitían a mujeres, pero Mary se las arreglaba para conseguir información de la manera en que podía. Escribía con frecuencia a científicos y estudiosos, preguntándoles sobre sus últimas publicaciones. En 1848, su primo William se convirtió en miembro de la Royal Society, y Mary aprovechaba sus visitas a Londres para rodearse de científicos.
Ward tuvo el honor de ser una de las tres mujeres miembros de la Royal Astronomical Society –de las otras dos, una era la Reina Victoria y la otra, Mary Somerville-. La presencia de nombres femeninos en las listas científicas era tan extraña que cuando escribió su primer libro, ‘Apuntes al microscopio’, estaba segura de que nadie lo editaría porque era mujer. Bajo esta premisa, Mary se decidió a publicar 250 copias del mismo de manera privada y mandó imprimir, además, varios cientos de panfletos anunciado su publicación. El libro se agotó en semanas, lo que fue suficiente para que un editor londinense se interesara por él. Tuvo ocho ediciones y se convirtió en un best-seller.
Mary escribiría otros dos títulos –uno de ellos, una guía a la astronomía para principiantes- y numerosos artículos. Ilustró, además, todo su trabajo y muchos libros y estudios para otros científicos.

En semejante ambiente, era normal que los niños del castillo de Birr crecieran, no sabemos si en gracia, pero sí en sabiduría –al menos, los cuatro que sobrevivieron de los once partos de Mary Rosse-. El último de ellos, Charles Parsons, llegó a inventar la turbina de vapor. Parece haber sido un tipo curioso: conquistó a su mujer demostrándole sus habilidades con la costura y a sus hijos les fabricaba juguetes increíbles. Entre sus intentos, se encuentran engendros realmente demenciales –como uno que multiplicaba el sonido- y se sabe que trabajó, sin resultado, tratando de fabricar diamantes artificiales.

William, el hombre del telescopio, llegó a utilizar la técnica de la turbina de vapor para fabricar un automóvil. En la segunda mitad del siglo XIX, se creía que el transporte a vapor lo iba a mover todo, incluidos los coches. Pero, en la práctica, se resolvió como algo inviable. Sin embargo, algunos entusiastas del sistema continuaron conduciendo automóviles así alimentados, muchos de fabricación casera, como el del propio Parsons. Sin embargo, el cacharro provocó uno de los accidentes más desgraciados de la familia –digno de la excepcionalidad de la que sus miembros habían hecho gala-. Mary Ward y su esposo viajaban en él cuando el coche tropezó con un bache y arrojó a Mary del vehículo. La mujer se rompió el cuello y murió instantáneamente. Dado que esto ocurrió en 1869, el hecho convirtió a la científica, además, en la primera víctima de un accidente de tráfico.

lunes, 28 de julio de 2008

Las habas de la casa de Dios (y 456)

Montségur, una peña tenebrosa en el Pirineo de Francia, fue el feudo de los cátaros en su lucha contra el Papa de Roma. Quemados y derrotados, la historia ha tejido engañosas leyendas sobre el pueblo y el castillo, rescatado como escenario de ficción en ‘El Código da Vinci’.

(Artículo de Rosa Montero en El País)

miércoles, 23 de julio de 2008

Politonos modernos

Hace un par de meses les hablábamos de Sasaki San y sus piezas musicales compuestas con un teléfono móvil. Hoy les traemos directamente unos politonos para que su móvil sea el más moderno del vecindario y no tengan que pasar la vergüenza de que les suene el himno del Sevilla en el funeral de la suegra de su jefe. Y ello por gentileza del sello ucraniano Nexsound, que ha encargado a los consabidos artistas sonoros (Frank Bretschneider, Kim Cascone, Agf, Francisco López...) unos tonos originales para llamadas telefónicas. Los hay para todos los gustos; escoja el suyo que son gratis.