martes, 30 de septiembre de 2008

Un gordo con mucho swing

Se nos ha muerto Paul Newman, uno de los grandes de la historia cine. Plumas mucho más eruditas que la mía, algunas incluso en plantilla en este blog, han glosado como se merece su vida y milagros. Pero yo hoy voy a rendir homenaje a un actor, quizás no tan grande aunque sí más gordo, que casi llegó a hacer sombra a Newman en una de sus mejores películas, El Buscavidas (The Hustler), con su magistral creación del veterano jugador de billar Minnesota Fats. Su nombre era Jackie Gleason.

Gleason gozaba ya de una inmensa popularidad en su país antes de esta película por sus apariciones televisivas como showman y actor, pero no era frecuente verle en papeles dramáticos. Su carrera posterior como actor fue bastante irregular aunque, como los grandes secundarios que en el cine han sido, su presencia siempre llenaba la pantalla. Incluso en películas tan pésimas como las de la serie Los Caraduras (Smokey and the Bandit) en las que interpretaba a un sheriff sureño que perseguía obsesivamente a Burt Reynolds por las carreteras de su estado.

Pero lo que mucha gente ignora es que, además de actor, Gleason era músico e incluso tuvo una orquesta que durante los años cincuenta y sesenta llegó a grabar varias docenas de discos de factura amable y temática que iba de la sacarina romántica al swing. Aquí les dejo con una muestra de su talento como director. Si les pillo en buena hora y tienen los ingredientes en casa, acompáñenlo de un Manhattan. Salud.

Boomp3.com

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Vic Chesnutt en Cádiz

Para los que estén hoy en Cádiz o sus alrededores, les comunico que en el Aulario de la Bomba actúa esta noche Vic Chesnutt, de cuyo concierto en Sevilla del pasado mes de junio ya les informamos oportunamente. Puede que sea el mejor concierto que tengan oportunidad de ver en este año. Si se lo pierden, no digan que no se lo advertí.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Mujeres bajo lupa

(Lo siento: este post no será conciso en extensión, que sí por contenido)

Si hoy en día resulta una extravagancia suma, habría que verlo en su tiempo. A mediados del siglo XIX, cuando toda Irlanda estaba sumida en la crisis de la patata que diezmó la población y alimentó el cuerpo de Policía de Nueva York, al tercer duque de Rosse, William Parsons, se le ocurrió montar el mayor telescopio nunca visto hasta entonces. Y lo consiguió. La desmesura –que aún puede ser contemplada hoy en día- fue conocida como el Leviatán de Parsonstown. Era tan descomunal que apenas tenía capacidad de giro, pues había de ser sostenido por dos muros de granito que castraban movimientos muy ambiciosos.
Aunque en principio se agradece que el duque decidiera no gastarse el patrimonio en los lupanares de Dublín, apenas se dan a conocer datos de sus posibles ayudas a la hambruna que asolaba el país mientras él acometía aquella bizarra gesta. Sí se sabe, por ejemplo, de los esfuerzos de su esposa, una inglesa –Mary Rosse, Field de soltera-, que dio trabajo a quinientos hombres durante el mal de la patata con la excusa de dar forma a los jardines del castillo. Allí, perdida en el centro mismo de la nada, hizo amistad con una prima de su marido, Mary Ward, y las dos mujeres se dedicaron a ayudarse en tareas nada propias de su sexo: la investigación científica.
Ambas participaron en la creación del Leviatián –por el que, por supuesto, el tercer duque se llevó toda la gloria-: Mary Rosse supervisando los trabajos de metalurgia y haciendo fotos del proceso y Mary Ward compartiendo sus conocimientos como astrónoma. De alguna manera, además, los trabajos que el duque desarrolló en el enorme telescopio vinieron a ayudar, tangencialmente, el desempeño de ambas mujeres.
Mary Rosse comenzó a interesarse por la fotografía a partir de un experimento fallido de su esposo, que intentó infructuosamente fotografiar la luna. Una tarea que comenzó a realizarse a partir de daguerrotipos, en 1842 –de hecho, William Parsons y Fox Talbot mantuvieron correspondencia, y éste escogió algunas de las fotografías realizadas por su esposa para la primera exhibición de la Sociedad Fotográfica en Londres, donde la obra de Mary se hizo con la medalla de plata-. La habitación oscura que la duquesa utilizaba para revelar su trabajo se mantiene hoy día tal como estaba desde mitad del siglo XIX –constituyendo una especie de cápsula del tiempo de la fotografía-.

El mundo de las lentes parecía tener consistencia de fiebre en el castillo de Birr. La obsesión más desmadrada, por supuesto, era la del duque con su gigantesco telescopio. Pero tampoco se quedaba atrás la afición de su esposa por pasarse los días respirando nitrato de plata. O la de su prima, que firmó uno de los primeros best-seller sobre entomología.

Como tantas mujeres de la época, Mary Ward había sido educada en casa, junto a sus hermanas. Pero las materias que se le impartieron fueron, sin embargo, tangencialmente diferentes a las que se enseñaban a otras chicas de su edad. Ward procedía de una reputada familia de científicos y, desde edad muy temprana, la niña manifestó un enorme interés por la naturaleza. Fue el astrónomo James South el que, viendo cómo dibujaba insectos –tarea para la que empleaba una lente de aumento- convenció a su padre para que le comprara un microscopio. A partir de ahí, la chica comenzó a leer todo lo que caía en sus manos acerca de ese nuevo método de estudio, y de esta manera autodidacta consiguió saber más que la mayoría de los expertos de su época.
Mary elaboraba, además, sus propias placas de especimenes con hojas de marfil, ya que el cristal era difícil de manejar –ejemplos de esta delicada labor pueden verse aún en el castillo-. Ni las universidades ni las sociedades científicas admitían a mujeres, pero Mary se las arreglaba para conseguir información de la manera en que podía. Escribía con frecuencia a científicos y estudiosos, preguntándoles sobre sus últimas publicaciones. En 1848, su primo William se convirtió en miembro de la Royal Society, y Mary aprovechaba sus visitas a Londres para rodearse de científicos.
Ward tuvo el honor de ser una de las tres mujeres miembros de la Royal Astronomical Society –de las otras dos, una era la Reina Victoria y la otra, Mary Somerville-. La presencia de nombres femeninos en las listas científicas era tan extraña que cuando escribió su primer libro, ‘Apuntes al microscopio’, estaba segura de que nadie lo editaría porque era mujer. Bajo esta premisa, Mary se decidió a publicar 250 copias del mismo de manera privada y mandó imprimir, además, varios cientos de panfletos anunciado su publicación. El libro se agotó en semanas, lo que fue suficiente para que un editor londinense se interesara por él. Tuvo ocho ediciones y se convirtió en un best-seller.
Mary escribiría otros dos títulos –uno de ellos, una guía a la astronomía para principiantes- y numerosos artículos. Ilustró, además, todo su trabajo y muchos libros y estudios para otros científicos.

En semejante ambiente, era normal que los niños del castillo de Birr crecieran, no sabemos si en gracia, pero sí en sabiduría –al menos, los cuatro que sobrevivieron de los once partos de Mary Rosse-. El último de ellos, Charles Parsons, llegó a inventar la turbina de vapor. Parece haber sido un tipo curioso: conquistó a su mujer demostrándole sus habilidades con la costura y a sus hijos les fabricaba juguetes increíbles. Entre sus intentos, se encuentran engendros realmente demenciales –como uno que multiplicaba el sonido- y se sabe que trabajó, sin resultado, tratando de fabricar diamantes artificiales.

William, el hombre del telescopio, llegó a utilizar la técnica de la turbina de vapor para fabricar un automóvil. En la segunda mitad del siglo XIX, se creía que el transporte a vapor lo iba a mover todo, incluidos los coches. Pero, en la práctica, se resolvió como algo inviable. Sin embargo, algunos entusiastas del sistema continuaron conduciendo automóviles así alimentados, muchos de fabricación casera, como el del propio Parsons. Sin embargo, el cacharro provocó uno de los accidentes más desgraciados de la familia –digno de la excepcionalidad de la que sus miembros habían hecho gala-. Mary Ward y su esposo viajaban en él cuando el coche tropezó con un bache y arrojó a Mary del vehículo. La mujer se rompió el cuello y murió instantáneamente. Dado que esto ocurrió en 1869, el hecho convirtió a la científica, además, en la primera víctima de un accidente de tráfico.

lunes, 28 de julio de 2008

Las habas de la casa de Dios (y 456)

Montségur, una peña tenebrosa en el Pirineo de Francia, fue el feudo de los cátaros en su lucha contra el Papa de Roma. Quemados y derrotados, la historia ha tejido engañosas leyendas sobre el pueblo y el castillo, rescatado como escenario de ficción en ‘El Código da Vinci’.

(Artículo de Rosa Montero en El País)

miércoles, 23 de julio de 2008

Politonos modernos

Hace un par de meses les hablábamos de Sasaki San y sus piezas musicales compuestas con un teléfono móvil. Hoy les traemos directamente unos politonos para que su móvil sea el más moderno del vecindario y no tengan que pasar la vergüenza de que les suene el himno del Sevilla en el funeral de la suegra de su jefe. Y ello por gentileza del sello ucraniano Nexsound, que ha encargado a los consabidos artistas sonoros (Frank Bretschneider, Kim Cascone, Agf, Francisco López...) unos tonos originales para llamadas telefónicas. Los hay para todos los gustos; escoja el suyo que son gratis.

sábado, 19 de julio de 2008

Alguien lo sabe

Hay un haiku de Borges del que me acuerdo cada vez que abro To the Lighthouse: "En el desierto / acontece la aurora. / Alguien lo sabe". La interpretación puede ser teológica, o sólo literaria, y en cualquier caso ya se sabe que para Borges la teología era una rama de la literatura fantástica. Ese alguien que sabe algo de lo que ningunos ojos humanos son testigos sería el Dios omnisciente o ese narrador no menos fantasmal de las novelas al que se viene aplicando el mismo calificativo: el que lo ve todo, el que espía todos los pensamientos, el que ha leído unas palabras escritas en arena y borradas a los pocos minutos por una ola, el que está en el retrete donde Leopold Bloom se alivia voluptuosamente leyendo el periódico y en la alcoba donde Anita Ozores se revuelve de misticismo y deseo en el insomnio, el único, aparte de la mujer asesinada, que ha visto la mirada en los ojos de Raskolnikov en el momento en que levantaba el hacha, el que ha acompañado al capitán Nemo cuando se cerraban por última vez las escotillas del Nautilus.

(Continuar leyendo el artículo de Antonio Muñoz Molina)

miércoles, 16 de julio de 2008

Desde Rusia con calor

Por si todavía quedara por ahí algún lector de El Conciso, que lo dudo, le informo de que no hemos cerrado el negocio ni nos hemos ido aún de vacaciones. Es tan sólo la haraganería natural de sus redactores unida a la galbana propia de las fechas estivales la que provoca esta ausencia de nuevos artículos. Así que ahí va uno de castigo como muestra de lo que les puede esperar durante todo el mes de julio si no se aplican más en su trabajo.

Y es que el netlabel ruso Musica Excentrica acaba de editar un disco colectivo dedicado a la memoria del cineasta Andrey Tarkovsky. El director de Solaris y Stalker es homenajeado, 22 años después de su muerte, por músicos de la escena electrónica contemporánea como Kim Cascone, Alva Noto o Nobukazu Takemura, por citar sólo los más conocidos. In Memoriam Andrey Tarkovsky, que ése es su título, incluye diez temas inéditos de corte minimalista y ambiental, y se puede descargar de forma gratuita bajo licencia Creative Commons desde su web.

Musica Excentrica es un proyecto dirigido desde Moscú por Ilias Mikanaev y Nikita Golishev. Quizás por eso su estructura es como la de una matrioshka, con varios subsellos que se integran unos dentro de otros. Y así, en la división Weird Elements que, como indica su nombre, se dedica a la música más experimental de los géneros más extraños y peculiares, han editado recientemente un disco del japonés Takeshi Nakamura titulado Sound Effect Collage. Porque eso y no otra cosa es lo que van a encontrar si se lo descargan: una combinación de ruidos pregrabados, ondas sonoras y señales acústicas. La mezcla perfecta para sobrellevar las pesadas noches de la canícula.

No me digan luego que no les cuidamos...

jueves, 3 de julio de 2008

Combinación salvaje

Arthur Russell murió de sida en 1992. Tenía 40 años. Era compositor y un consumado violonchelista, aunque el relativo reconocimiento popular que tuvo en vida le llegó de la mano de la música disco. Su carrera se desarrolló casi por completo en el efervescente Nueva York de los años 80; entre los músicos con los que intercambió influencias se citan Philip Glass, David Byrne o Rhys Chatham. Nunca se aferró a ningún estilo y se movia igualmente bien por los terrenos de la música académica como por los de los ritmos bailables. Dotado de una voz peculiar, que muchos ahora comparan con la de Antony Hegarty, sus canciones, incluso las más furiosamente discotequeras y pese a los arreglos propios de la época, siguen teniendo un encanto peculiar que las hace únicas.

Ahí les dejo con dos ejemplos. Uno más intimista, el otro más rítmico.

boomp3.com

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En el pasado festival de Berlín se estrenó un documental sobre su vida y obra titulado Wild Combination. Lo comento por si hubiera algún programador de festivales de cine leyendo este blog.

lunes, 23 de junio de 2008

Old Vic


Podría también haber titulado este post como una vieja película de Alec Guinness: "Un genio anda suelto". Porque eso y no otra cosa es Vic Chesnutt: un maldito genio. Y lo traemos ahora al blog porque el pasado sábado, a la misma hora que Manolo García llenaba el auditorio de Sevilla, dio en un Teatro Central medio vacío uno de los conciertos más intensos y emocionantes a los que este Mentor ha asistido en su larga vida.

Chesnutt, nacido en Florida en el 64 aunque criado en Georgia, sufrió con 18 años un accidente de coche que le dejó el cuerpo semiparalizado, incluidas las manos. No obstante, y a pesar de sus limitaciones físicas, ha desarrollado una técnica prodigiosa para seguir tocando la guitarra, y de qué manera. Únase a ello una voz de cantaor jondo y un talento para componer canciones capaces de derretir montañas de hielo y tendrán una imagen aproximada del personaje. Para su último trabajo, North Star Deserter (2007), se ha hecho acompañar de Guy Picciotto (Fugazi) y de miembros y miembras de los dos grupos de nombre más largo del panorama independiente: Godspeed You! Black Emperor y Thee Silver Mt. Zion Orchestra y Tra La La Band. Aunque se trata de una obra maestra y ha sido reconocido por la crítica como uno de los mejores discos del pasado año, no es sino un pálido reflejo de lo que este hombre es capaz de sacar cuando está en un escenario.

Y es que sin bajarse de la silla de ruedas Vic dirige a su banda, puntea la guitarra, toca la armónica y el pito de carnaval, canta, grita, susurra, gime, eructa, hace bromas e incluso explica las peculiaridades de la pronunciación y el sentido de algunas expresiones soeces que se usan en Georgia. Hay que verlo, así que les dejo este vídeo en el que interpreta uno de los temas de su último disco, Debriefing, que trata de las vejaciones a las que el sistema sanitario norteamericano somete a los más necesitados. "I love life and hate my country", dijo Vic cuando lo presentó en Sevilla.

viernes, 20 de junio de 2008

Planeta prohibido

Me entero por una revista musical de la muerte el pasado abril de Bebe Barron (de soltera Charlotte Wind). Habría cumplido 83 años en junio. Su marido Louis nos dejó antes, en 1989.

En la historia de la música electrónica, la pareja formada por Louis y Bebe Barron ocupa un puesto de honor por su trabajo pionero con cintas magnéticas y circuitos caseros a principios de los años 50. Aunque su obra más conocida fue la banda sonora de la película Forbidden Planet (1956). Seguramente la recordarán de algún pase televisivo. Era una adaptación en clave de ciencia ficción de La Tempestad de Shakespeare, en la que una nave (comandada por Leslie Nielsen!) aterriza en un planeta en el que sólo viven un científico presumiblemente loco, su bella hija y su criado, el robot Robbie. Y algo más, evidentemente, pero no se lo desvelo por si este post les despierta las ganas de verla de nuevo.

La banda sonora que compusieron los Barron no se parecía ni remotamente a nada que se hubiera hecho anteriormente en la industria del cine. Aunque los sonidos sintetizados ya se habían empleado en alguna película anterior, ésta era la primera vez que toda la banda sonora estaba elaborada por medios electrónicos. Y nada de melodías clásicas adaptadas. Puros sonidos electrónicos abstractos creados mediante manipulación de circuitos fabricados ad-hoc. Tan extraña y sorprendente era, que el sindicato americano de músicos obligó a los productores a quitar la palabra "music" de los títulos de créditos y cambiarla por "electronic tonalities". Por eso tampoco pudo optar al Oscar a la mejor banda sonora de ese año.

Les adjunto un tema de la banda sonora de Forbidden Planet para que lo disfruten; y además, un montaje con escenas de la película que prueba la teoría que mantengo desde hace tiempo de que, convenientemente camuflados entre imágenes, los sonidos más extraños son digeribles por todo el mundo.

boomp3.com