miércoles, 5 de agosto de 2009

Homérico

(Nota curiosa publicada por el correponsal en Londres de La Vanguardia durante los años cuarenta. Se titulaba 'Cosas de Bernard Shaw'. De aplauso)

"Desde hace varios años, vengo pagando impuestos a razón de 19 chelines y medio por cada veinte que gano, y ahora usted me salta pidièndome un donativo. Permítame que con un gesto sarcástico le dirija hacia aquéllos que tienen la suerte de ser lo suficientemente pobres para que no le valga la pena a la Tesorería el tomarse el trabajo de arruinarles". Estas son las palabras con las que Bernard Shaw ha contestado una carta de Mr. Owens Rattenbury pidiéndole que contribuyera a la formación de un fondo para ayudar al a redención de delincuentes precoces del East-End de Londres. "Además -agrega- yo nunca he creído en la redención de los delincuentes; al contrario, yo he tenido siempre el valor de enfrentarme con el hecho escamoteado por todos los humanistas de que la Naturaleza, lo mismo que da un porcentaje de sabios, santos y héroes, da un porcentaje de villanos, para los que no hay salvación".
"¿Me autoriza usted para que venda su carta y dedique el producto a engrosar el fondo?!, volvió a escribirle Mr. Rattenbury. Al día siguiente, en tinta roja de la propia carta de Mr. Rattenbury, llegó la respuesta: "Déjeme usted en paz y haga usted lo que quiera: si hay alguien tan estúpido que pueda dar dinero por una cosa así, véndalo usted con mil demonios", escribía el inefable comediante, quien, al friso de los noventa años, conserva toda su agresiva gallardía espiritual.
Ahora las dos cartas están en venta.

miércoles, 3 de junio de 2009

La película peruana de Kiko Ledgard

Si hay una casa discográfica que en los últimos años se ha dedicado a la benemérita labor de sacar a la luz clásicos inencontrables de las décadas de los sesenta y setenta, reeditándolos con primor y a unos precios tan razonables que hacen desistir de su descarga ilegal, esa es Vampisoul. La variedad de estilos que abarca su catálogo es enorme e incluye jazz, funk, soul y todo el interminable abanico de los ritmos latinos que, fusión mediante, surgieron en los Estados Unidos en aquellos años. Y también de vez en cuando editan alguna banda sonora desconocida. Como ésta que nos ocupa.


El Embajador y Yo es una película peruana de 1966 dirigida por Oscar Kantor. El productor y protagonista era Kiko Ledgard, por aquel entonces ya un conocido presentador de televisión en su país, y que en esta película interpretaba a un apocado extra cinematográfico cuyo parecido con el embajador del título le ocasionará más de un problema. Lamento no haber encontrado la película porque el argumento y las imágenes prometen (algo a medio camino entre James Bond y el Superagente 86), pero como consuelo les traigo unos temas de su excepcional banda sonora.

Jaime Delgado Aparicio (Lima 1943-1983) es sin duda uno de los principales músicos peruanos de todos los tiempos. De formación clásica, muy pronto se marchó a los Estados Unidos a estudiar composición y allí comenzó una provechosa carrera como pianista de jazz. Lamentablemente no se prodigó en grabaciones, por lo que esta banda sonora que él mismo compuso e interpretó y que ahora reedita Vampisoul es una joya en todos los sentidos. Jazz latino, muy cinematográfico, con unos impresionantes arreglos orquestales. Escuchen estos temas y disfruten.

viernes, 22 de mayo de 2009

¿Ya se lo ha gastado todo?

miércoles, 13 de mayo de 2009

Humano, demasiado humano

Le afea el presidente del gobierno al líder de la oposición que se alegre de los malos datos económicos y se monta la de dios es cristo. Ofendidos e indignados los miembros de la oposición le exigen que rectifique.

No está bien que en sede parlamentaria un presidente de gobierno diga tales cosas, sobre todo porque él no es nadie para descalificar los sentimientos de los diputados. Pero que los de la oposición están encantados con el mal camino que lleva la economía española, y que con cada dato negativo se les alegran aún más las pajarillas, es algo de lo que ninguna persona en su sano juicio puede dudar. Porque es lo humano. Si la posibilidad de que ganen las próximas elecciones es proporcional a la incapacidad del partido gobernante de darle solución a la crisis económica, es normal que deseen que el gobierno se pegue el batacazo. Sobre todo cuando se saben a salvo, ellos y los suyos, de las consecuencias que traería un empeoramiento de la crisis. Pero no penséis que es así porque son del PP y la maldad la llevan de fábrica. Cualquiera de nosotros experimentaríamos idénticos sentimientos enfrentados a situaciones similares.

La persona despedida de una empresa se alegrará del cierre de la misma, aunque suponga el paro para su antiguos compañeros. Un entrenador de fútbol cesado, por mucho que afirme el amor a sus colores del alma, deseará que el equipo baje de categoría al final de la temporada; así se demostraría que la responsabilidad de los malos resultados no era achacable sólo a él. Si la pareja de la persona de la que estamos secretamente enamorados sufriera un accidente mortal notaríamos una agradable sensación a la que se suele llamar esperanza. Todo muy humano. Tan humano como la empatía y la compasión que obligan a aparcar esos sentimientos primarios y manifestar nuestra solidaridad con los dolientes.

Y, cosa curiosa, en la mayoría de los casos tales expresiones altruistas suelen ser sinceras. Lo cual no implica que en el que originaba este comentario lo sea. Al menos yo no lo creo.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Adriá

La televisión pública española dedica toda esta semana a emitir programas sobre Ferrán Adriá, considerado por quienes se dedican a estas consideraciones como el "mejor cocinero del mundo". Al menos así justifica la web de RTVE este inusual despliegue de documentales hagiográficos y debates redundantes sobre el dueño del restaurante El Bulli.

Normalmente empezaría este comentario dejando claro que no es mi intención discutir los méritos del cocinero Adriá, que seguramente los tendrá. Lo que ocurre en este caso es que, aunque quisiera, no podría discutirlos, ya que jamás he ido a su restaurante ni probado ninguna de sus creaciones. He leido, como todo el mundo, descripciones de sus imaginativas recetas y también he visto fotografías de sus platos. Que me han dejado la curiosidad de probarlos y la impresión de que el apetito de una persona de buen comer como yo costaría saciarlo a base de esas tapas de fantasía. Pero bueno, son cosas mías. Lo que me preocupa es: cuántos españoles han tenido o tendrán la oportunidad de comer alguna vez en el Bulli? Unos pocos de miles tirando por lo alto.

Si hablamos de arte, la mayoría podemos acceder a un precio razonable a la obra de cineastas, músicos, escritores, coreógrafos, pintores, etc. Y podemos dar nuestra opinión sobre ellas. Incluso si la obra original es inaccesible, siempre encontraremos buenas imágenes que nos pueden dar una idea aproximada de lo que hablamos. Personalmente no pienso que la cocina se encuentre entre las bellas artes, pero puedo aceptar que haya quien así lo crea. Por ejemplo, los programadores de TVE. En cuyo caso deben explicar cómo van a cumplir el deber de los medios públicos de acercar el arte a la ciudadanía. O es que nos van a dar a probar a cada uno una tapa de Adriá?

Cuál es el sentido entonces de este bombardeo mediático sobre Adriá y El Bulli? Quieren educar a los televidentes para que preparen en sus casas una remolacha en texturas para el almuerzo en lugar del consabido potaje? O es tan sólo una costosísima campaña publicitaria a un negocio particular financiada con dinero público? Porque si es para levantar la moral del contribuyente en estos tiempos de crisis mostrándole cómo comen sus señores en el sancta sanctorum de la gastronomía internacional mientras ellos hacen la compra en el Covirán me callo la boca.

jueves, 16 de abril de 2009

Himnos

Se nos fue Chaves a Madrid a resolver la cuestión de los minolles autonómicos, y con él se llevó a su fiel escudero Zarrías. No voy a hablar de las consecuencias políticas que tal movimiento de poltronas va a traer, sino de las estéticas. Y es que, gracias sean dadas, la decisión de Zapatero nos va a evitar al menos asistir en lo sucesivo al penoso espectáculo de ambos líderes entonando el himno de Andalucía en las ocasiones patrióticas que marca el calendario.

Creo que con ocasión de cierta bochornosa iniciativa del Comité Olímpico Español ya manifesté mi oposición a los himnos con letra. Con alguna excepción, obviamente. Hay himnos guerreros como la Marsellesa, la Internacional o el antiguo himno soviético (ahora de la Federación Rusa aunque con unos oportunos cambios en la letra para evitar molestas referencias al pasado comunista) que merecen ser cantados a coro y voz en grito, ya que su tono épico se presta a ello. Pero la mayoría de los himnos tienen líneas melódicas difíciles de seguir a voces no educadas, que son la mayoría. Por eso los norteamericanos, pueblo inteligente, delegan en todos los actos, sean patrióticos o deportivos, la interpretación del himno en alguna cantante de góspel o similar mientras el público asistente atiende emocionado y en silencio. Como debe ser.

El himno de Andalucía entra dentro de esa categoría de copla difícil de cantar. Y además es feo con rabia. No entro en la letra porque las de otros muchos cantos patrióticos también incurren en incitaciones a la revuelta y el derramamiento de sangre y casi nunca nadie ha llegado a tomarlas en serio. Estoy hablando de la música. Esa antigua canción de segadores, basada a su vez en una melopea religiosa, es, con su ritmo cansino, una de las piezas musicales menos excitantes que jamás se haya convertido en himno de algo. Por eso, desde El Conciso, proponemos que se reforme otra vez el Estatuto de Autonomía para cambiar el viejo himno de Blas Infante por otro sin letra y musicalmente más brillante. Y proponemos además que sea "Andalucía" del compositor cubano Ernesto Lecuona.

Creo que no hay una composición más hermosa y más digna de representar a Andalucía en los actos oficiales. Ahí les ofrecemos dos versiones magistrales. La primera, la del propio autor al piano:



Y la segunda orquestal a cargo de Xavier Cugat:



Y no me digan, después de oirlas, que aún siguen prefiriendo el "Andaluces, levantaos..."

domingo, 12 de abril de 2009

Meditaciones domingorresurreccioniles

En estos días de Pasión leí una entrevista a uno de estos conspicuos individuos que forman parte del paisanaje cultural de nuestra Andalucía descabezada desde que Manolo Chaves sucumbió al “ven y sígueme”de ZP. Es un catedrático hispalense de Antropología del que uno se malicia que debe ser de estos que debe su fortuna a que en su momento fue el primero en llegar. El sujeto es un digno representante de cierta clase presuntamente ilustrada de Sevilla. Trabajan en sectores muy modernos pero siguen colgados de lo más rancio de su entorno guadalquivireño. Así, el sujeto en cuestión sale en una cofradía de Semana Santa y por supuesto defiende esta tradición haciendo la cuadratura del círculo: presentarla como una celebración ajena a la jerarquía eclesiástica, y que si fuera por ella, no existiría.

Bueno, el caso es que hubo algo de esta entrevista que si me llamó la atención extraordinariamente, mucho más que lo expuesto en el párrafo anterior. En un momento dado sacó el término que ya se está haciendo famoso, “fundamentalismo laico” para acusar a los que no soportamos que durante días se entreguen ciudades al más rancio exhibicionismo católico. Se supone que un antropólogo como él debería saber mejor que nadie el proceso de formación de las religiones y que el Espíritu Santo, Yahvé y Alá responden a criterios excesivamente humanos. Sorprende que un catedrático de universidad caiga en el trampantojo de apuntarse a la moda del “fundamentalismo laico” cuando trabaja en una institución que hace –o debería hacer- bandera del pensamiento crítico y humanista. Y choca que una persona tan informada como él, que tiene la presencia de todos las figuritas locales (artículos en prensa, presencia en radios y tertulias, etc.) no se percate que igual en su momento las cofradías pudieron enfrentarse a los obispos, pero hoy en día son el brazo armado del integrismo, capaces de congelar la vida ciudadana una semana por decreto en un estado oficialmente aconfesional.

Uno cree que la palabreja, “fundamentalismo”, se va a poner de moda y como suele ocurrir se desvirtuará. Si un policía de tráfico te obliga a desviarte en una carretera será motejado de “fundamentalista” por no dejarte pasar y si en un bar te atiende un camarero especialmente borde será también un “fundamentalista” por no permitirte juntar dos mesas, pongamos por caso. Pero volviendo al tema, si defender el conocimiento racional por encima de la fe ciega, si defender los diversos modelos sociales frente al único postulado por la iglesia Católica, si valorar al ser humano en su complejidad frente al reduccionismo religioso, si pensar que ciertos sectores están intentando puentear todos los avances en materia social y de pensamiento producidos desde la Ilustración y volver a la Teocracia de la Edad Media, yo soy fundamentalista laico. Y las palabras tienen un problema: de tanto usarlas pueden acabar siendo verdad. A ver si de tanto usar y abusar del término van a conseguir que sea cierto y las próximas Semanas Santas sean más moviditas con gente en contra. Parafraseando a James Browm, Decidlo alto y claro.

lunes, 23 de marzo de 2009

Meditaciones cuaresmales

Las cofradías andaluzas se organizan para manifestar su disconformidad con la reforma de la ley del aborto, y la ministra Bibiana Aído les reprocha que quieran hacer política con la semana santa. Aído es una excelente muestra de que ser joven, mona y de buena familia socialista no capacita a nadie para ser ministro. Y consigue que hasta los rojos de toda la vida acabemos añorando ministros como esos grises tecnócratas del tardofranquismo, vencedores en mil oposiciones y discretos gestores que nunca se metían en política.

Lo crean o no, las cofradías son unas de las pocas instituciones que mantienen una estructura y funcionamiento auténticamente democráticos; mucho más que cualquiera de los partidos políticos que ahora se rasgan las vestiduras. Las cofradías ejercen la libertad de expresión que reconoce la Constitución para manifestar sus respetables ideas sobre un asunto que atañe a toda la sociedad. Y no corresponde a ningún ministerio opinar sobre lo pertinente u oportuno que pueda ser. Los poderes públicos sí pueden, en el ejercicio de su función, decidir que el presupuesto del estado no debe destinarse a subvencionar cultos religiosos. Si no lo hacen será por razones electorales; o porque piensen que de ese modo pagan su silencio en asuntos incómodos, como hacen con los sindicatos y con tantas otras organizaciones paniaguadas. Criterio que, afortunadamente, la jerarquía católica no parece compartir, a la vista de su montaraz comportamiento de los últimos tiempos.

El líder mundial de los católicos desaconseja el uso de preservativi para combatir la infección por el VIH y se monta un enorme revuelo entre los bienpensantes. ¿Pero es que alguien esperaba otra cosa? Vamos a ver, es el representante de su dios en la tierra, heredero de una línea de pensamiento con varios milenios de antigüedad, y sus seguidores le consideran infalible cuando habla de temas religiosos. Eso sí, no obliga a nadie a seguir sus doctrinas. Pero resulta muy cómodo tener a alguien a quien echar la culpa de nuestra incapacidad de resolver problemas. Si la epidemia de sida está devastando a la mayoría de los países subsaharianos, la culpa no es de sus incompetentes y corruptos gobiernos, ni de sus sociedades patriarcales, ni de la codicia de los países desarrollados, ni de los laboratorios farmacéuticos. No. La culpa por lo visto la tiene un señor vestido de carnaval que va por ahí repitiendo ideas medievales sobre la transmisión de las enfermedades infecciosas. Y así nos luce el pelo.

martes, 3 de marzo de 2009

Antony


Es incómodo para un ateo escribir estas cosas, pero Amadeus, de Milos Forman, además de convertirse en un referente en mi vida, me descubrió que, mucho más allá de mi falta de fe, había una realidad indiscutible: Al Pajarito Mandón le gusta la música, y le gusta que le canten. Y cada cierto tiempo, aprovechando esta especie que no le salió tonta del todo, manda a este mundo insalvable (Él ya lo sabe, Él lo intentó, pero este mundo es insalvable y lo ha admitido) un ser elegido que le cante, o le componga, o le toque lo que sea. La música le puede. Una vez enviado el elegido, lo marca, lo estigmatiza, El Pajarito Mandón es así. Lo hace pobre, o drogadicto, o lo deja morir joven, o le da un cuerpo que no es el suyo, esas lindeces de mandón-matón. Pero, al menos, a los demás mortales nos deja compartirlo, aún no se sabe por qué extraña razón. Es una suerte.

domingo, 1 de marzo de 2009

Los buenos vecinos

A mí me encanta que me despierten los vecinos haciendo el amor. Sobre todo si mi vecina, que además me cae rebien, y sin ser guapa tiene su no-se-qué, repite palabras con ese hilito de voz que le quedaba a su pequeño cuerpo habitado, y el somier protesta como en una buena película francesa. Y aún más si, al fin, se corre; o, quizás agotada por el zigzag, o preocupada por la resistencia del somier, simula tan bien haberse corrido. Yo, que soy algo perverso y he aprendido a tener una gran capacidad de abstracción, dí media vuelta en la cama y, atravesando la pared, que a fin de cuentas no es tanto en estas casas modernas, me fui a completar mi noche con ella. Y por la mañana, mientras las tostadas, he puesto a Haendel, porque es de buenos vecinos alegrarse por los demás. Y ella no lo sabrá, o quizás lo suponga, pero cuando la vea de nuevo en el portal, habrá ganado tanto, y además será ya un poco mía.